Como les comunicamos en la publicación “¿Qué debo saber sobre el Coronavirus (COVID-19) si tengo enfermedad celíaca?”, de momento no hay evidencia de que la persona celíaca sufra más riesgo de contagio por la COVID-19 siempre que haya sido diagnosticada y siga de manera estricta la dieta, condición para que el sistema inmune no esté activo por la ingesta de gluten.
Según el Ministerio de Sanidad, las personas vulnerables son los mayores de 60 años y también aquellas que padecen enfermedades crónicas como la hipertensión, la diabetes, enfermedades cardiovasculares o pulmonares, cáncer o también aquellas inmunodeprimidas. Las embarazadas se incluyen dentro de este grupo como principio de precaución.
No obstante, el Dr. Benjamin Lebwbol explica que aquellas personas que siguen tratamientos inmunosupresores, como la quimioterapia, o ciertos tratamientos para afecciones autoinmunes como el lupus o la artritis reumatoide que están relacionadas con la celiaquía deben considerarse personas de riesgo.
Actualmente, a pesar de estar cerca del desconfinamiento progresivo, debemos ser conscientes de que nos enfrentamos a una amenaza sin precedentes y mientras los científicos no encuentren una vacuna o tratamiento para la Covid-19 somos seres más vulnerables que nunca. Por este motivo es necesario seguir manteniendo los consejos de las Autoridades sanitarias de referencia: la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Ministerio de Sanidad, y la Agencia Catalana de Salud Pública para reducir la transmisión de la enfermedad como por ejemplo el distanciamiento físico. La aplicación de estas medidas ha supuesto el cierre de empresas, escuelas e instituciones de educación, además de restricciones sociales.
Aun así, los primeros resultados del estudio ENECovid19 muestran que solo un 5% de la población ha desarrollado anticuerpos, lo que nos obliga a tener todavía mucha prudencia y mantener las medidas de prevención, tanto en casa como fuera.
¿Qué sabemos de los Coronavirus y la Covid-19?
Los coronavirus son una familia de virus que pueden provocar infecciones en humanos y en otros animales, como las aves y los mamíferos. A veces, como es el caso del SARS-CoV2, conocido como COVID-19, se transmite de los animales a los humanos y provoca síntomas como fiebre, tos o sensación de falta de aire. También pueden estar presentes otros síntomas como disminución del olfato, escalofríos, dolor de cabeza, debilidad o síntomas gastrointestinales como la diarrea o los vómitos. Falta mucho por conocer pero la evidencia actual indica que se transmite por contacto estrecho con gotas respiratorias formadas por estornudos o tos que pueden llegar a la nariz, la boca o los ojos de otra persona. El contagio depende de la carga vírica, es decir, de la cantidad de virus en las vías respiratorias.
Por otro lado, no hay pruebas hasta el momento que demuestren que se transmite a través de los alimentos o de los envases alimentarios. Por lo tanto, podemos decir que la COVID-19 no se puede multiplicar en los alimentos; necesita un animal o un huésped humano para multiplicarse. Sin embargo, es muy probable que, al ser las gotas respiratorias demasiado pesadas para ser transportadas por el aire, caigan sobre objetos y superficies que rodean a la persona infectada y por otro lado, se ha observado que es posible infectarse tocando una superficie, un objeto o la mano de una persona contaminada. Esto puede suceder, por ejemplo, cuando se tocan los pomos de la puerta o se saluda con la mano y, a continuación, se toca la cara.
La Autoridad de Seguridad Alimentaria (EFSA) afirma que se ha evaluado la supervivencia del virus COVID-19 en diferentes superficies y confirma que el virus puede permanecer viable hasta 72 horas sobre plástico y acero inoxidable, hasta 4h sobre cobre y hasta 24 horas sobre cartón. Por lo tanto, siempre que sea posible eliminaremos los envases exteriores de este material. Además, la AESAN recomienda limpiarlos con agua y jabón cuando no sea posible eliminarlos debido a que son materiales porosos.
¿Así pues, podemos infectarnos del virus a través de los alimentos?
Desde el primer momento, el personal de los sectores básicos, como las industrias alimentarias, las tiendas, los supermercados, los transportes, etc. ha estado al pie del cañón, en sus puestos de trabajo habituales, para asegurar que los alimentos, considerados elementos básicos, estén disponibles para la población. Por este motivo ha sido necesario establecer medidas de seguridad para evitar los contagios a la vez que garantizar una producción y distribución segura.
Desgraciadamente, aunque la cadena de producción y distribución sea segura, el peligro continúa presente si no tenemos un cuidado exhaustivo de la higiene, por ejemplo el hecho de que nosotros toquemos los alimentos que anteriormente hayan estado en contacto con una persona infectada, aumenta la probabilidad de que este virus se pueda transmitir. A pesar de la probabilidad, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) durante el mes de abril ha analizado 66 productos comunes, expuestos en 8 cadenas de distribución y ha analizado la presencia del virus mediante la técnica PCR que detecta su material genético. Aunque no se ha detectado el virus en ninguno de los envases, el estudio representa una pequeña imagen de la realidad y la situación depende en gran medida de las medidas de precaución de los usuarios.
Por otro lado, conviene resaltar que el tratamiento térmico (superior a los 60ºC) permite la destrucción del virus; por lo tanto, todos los alimentos cocinados son seguros. Es por ello que la OMS recomienda abstenerse de consumir productos de animales crudos o poco cocinados. Se debe tener en cuenta también que la cadena de frío no tiene ningún efecto sobre el virus, es decir, no hay proliferación en los alimentos pero tampoco destrucción.
Además, actualmente nos encontramos en un proceso de desescalada por etapas que hace imprescindible destacar la importancia de la seguridad alimentaria respecto a unas buenas prácticas de higiene. Es necesario mantener pues:
– Un frecuente lavado de manos con agua y jabón (20 segundos)
– La limpieza y mantenimiento de superficies
– La separación de alimentos crudos y cocinados
– Utensilios diferentes para alimentos crudos y cocinados
– Un tratamiento térmico por encima de los 60 – 70˚C
Estas prácticas aplican tanto a los operadores alimentarios como a nosotros mismos en nuestra casa para reducir la posibilidad de un contagio.
Seguridad durante la compra y al llenar la despensa
Preparar la lista de la compra con antelación puede agilizar el proceso de la compra y además, evita recorrer los pasillos del supermercado arriba y abajo. Priorizar los alimentos naturalmente sin gluten para mantener una alimentación saludable, priorizando el consumo de fruta fresca y hortalizas, legumbres y frutos secos. También los lácteos fermentados, el pescado y los huevos deben estar presentes, por encima del consumo de carne. En este momento es fundamental prestar más atención que nunca tanto por la reducida actividad que realizamos pero también por el hecho de que diferentes estudios han relacionado la obesidad como factor de riesgo para la COVID-19.
Tal como hemos podido ver no hay evidencia de que los alimentos sean una fuente de transmisión. No obstante, para poder realizar la compra de los alimentos de manera más segura, las Autoridades recomiendan mantener 2 metros de distancia con otras personas, protegernos con mascarilla y evitar tocarnos los ojos, la boca y la nariz. También, si es posible, que desinfectemos los mangos de los carritos antes de empezar la compra, y nos pongamos los guantes justo antes de entrar al supermercado. Para el pago puede ser útil utilizar la tarjeta y evitar el uso de monedas y billetes.
Una vez en casa, es necesario lavar todo aquello que hemos utilizado en la calle (cartera, llaves, etc.), también las manos y los envases alimentarios. Al finalizar será necesario volver a lavárselas y también las superficies.
Higiene de los alimentos
En cuanto a las frutas y las hortalizas, se recomienda lavarlas con agua. Sin embargo, si se consumen crudas con piel es importante sumergirlas 5 minutos en agua potable con una cucharadita de lejía de uso alimentario y después aclararlas con abundante agua. En alimentos vegetales de cáscara dura, como pueden ser el melón y el pepino, también es conveniente limpiarlos con un cepillo, es decir, frotar la piel para eliminar la mayor cantidad posible de residuos y otros posibles contaminantes. Si se trata de vegetales de hoja, es necesario quitar las hojas externas, desecharlas, además de la higiene con agua y lejía.
Aun así, antes y después de manipularlas es necesario lavarse las manos con agua y jabón.
Herramientas alternativas para la protección
Además de la distancia entre personas y el uso de mascarillas los geles hidroalcohólicos nos lo pueden poner un poquito más fácil al salir de casa. Hay que tener presente que los desinfectantes de manos son seguros para las personas celíacas. La mayoría de los desinfectantes no contienen proteínas de cereales con gluten. Además, sabemos que el gluten no se puede absorber a través de la piel. Es necesario, sin embargo, no aplicarlo sobre una herida abierta. Además, hay que tener presente que es prioritario el lavado de manos frente a los geles hidroalcohólicos porque la recomendación es emplearlos cuando no existe la posibilidad de lavado con agua y jabón. Incluso, puede ser motivo de irritación en la piel o de reacciones. Evidentemente, las personas celíacas debemos tener cuidado de no llevarnos las manos a la boca.
Siguiendo todas estas medidas de prevención nos protegemos y ayudamos a proteger a los demás, seamos conscientes.
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