¡Viaje con Interrail, y sin gluten!

¡Se acerca el verano y las ganas de viajar aumentan! No queremos que la celiaquía les parezca un inconveniente a la hora de viajar, y es por eso que hemos decidido compartir la experiencia de una de nuestras socias, Lorena Corfas, que nos explica su viaje familiar -con dos miembros celíacos- con Interrail por Praga, Viena y Budapest.


Todo empezó con un deseo de cumpleaños, un cumpleaños prepandemia: “¡Sé lo que quiero para mis 50!“. Pedro nos dijo que le haría muchísima ilusión hacer un viaje Interrail en familia. Con dos hijos adolescentes (Aitana de 16 años y Nicolás de 15), unas vacaciones fuera de nuestra zona de confort sonaban a gran idea. Una vez que el destino estuvo decidido –visitaríamos Europa Central, Praga, Viena y Budapest–, nos pusimos manos a la obra. Como nuestros días de viaje eran limitados, dedicamos mucho tiempo comparando rutas y planeando itinerarios. También dedicamos un buen rato a elegir y reservar alojamiento, mejor no improvisar demasiado cuando se viaja lejos de casa. Cuando la logística turística estuvo resuelta, llegó el turno de la planificación alimentaria. Aitana y Pedro deben seguir una dieta sin gluten y tenemos claro que para que un viaje salga bien, siempre es bueno dedicar recursos a la investigación y la organización.

El Pedro nos dijo que le haría muchísima ilusión hacer un viaje Interrail en familia. Con dos hijos adolescentes, unas vacaciones fuera de nuestra zona de confort sonaban a gran idea

Lo primero que hicimos fue contactar con la Associació Celíacs de Catalunya donde muy amablemente nos compartieron el listado de las asociaciones europeas de celíacos. A partir de aquí, fuimos mirando una a una las sociedades de los países donde íbamos a viajar. Algunas ofrecían guías de restauración en sus propias páginas y otras, como la austriaca, nos la facilitaron amablemente tras explicarles que éramos miembros de nuestra asociación local. En paralelo a mirar excursiones y paseos, fuimos haciendo listas de opciones gastronómicas que nos apetecía descubrir. También fue muy útil consultar blogs de personas celíacas y otros recursos similares. ¡Organizar el equipaje fue muy divertido! Además de las cuatro mochilas con ropa, compramos una quinta tipo nevera, ¡una de las mejores inversiones de las vacaciones!

Junto a las guías de viaje, los libros y los juegos de mesa, preparamos las provisiones de comida sin gluten, ¡algo obligatorio para todo celíaco en desplazamiento! El primer viaje era largo, 14 horas de tren de Barcelona a Ginebra, con 4 o 5 cambios. Cuando nos quedamos sin provisiones, aprovechamos para “repostar” en las tiendas de la estación de Lyon. No era fácil conseguir platos elaborados aptos para celíacos, pero sí quesos, crudités (tomates, zanahorias), frutas y yogur, que nos permitieron avituallarnos hasta llegar a destino. La combinación de recursos fue un poco la tónica del viaje, preparábamos pícnics siempre que podíamos y combinábamos las opciones disponibles cuando no había locales de restauración adecuados. También experimentamos los recursos de los propios trenes, en general limitados en comida sin gluten, excepto por la línea Praga-Budapest que ofrece un menú de comida tradicional gluten-free y a precio muy competitivo.

Junto a las guías de viaje, los libros y los juegos de mesa, preparamos las provisiones de comida sin gluten, ¡algo obligatorio para todo celíaco en desplazamiento!


Una buena decisión fue la de alojarnos en apartamentos turísticos en dos de las ciudades. Tener nevera y cocina propia nos permitía organizarnos, planificar las comidas y controlar el presupuesto. Aprendiendo a decir “sin gluten” en cada idioma (eran tres países con tres lenguas diferentes), conseguimos avituallarnos sin problemas en los supermercados locales. Siempre que era posible, intentábamos comer lo mismo los cuatro. Pero también, en alguna ocasión, Nicolás y yo nos permitimos algún capricho con gluten.

Aprendiendo a decir “sin gluten” en cada idioma (eran tres países con tres lenguas diferentes), conseguimos avituallarnos sin problemas en los supermercados locales

¡Pasamos dos semanas increíbles! Las tres ciudades que visitamos nos encantaron. Cada una con su propio carácter y personalidad. Viajar en tren nos permitió disfrutar de la vida a un ritmo diferente, unas ‘slow holidays’, con mucho tiempo para dialogar, pensar, soñar… La experiencia Interrail nos enfrentó a situaciones imprevistas, desde cancelaciones de trenes o cambios de última hora, hasta tormentas repentinas con el consiguiente equipaje empapado de agua. Cada desafío trajo un buen aprendizaje. Esperamos que nuestra experiencia inspire a otras familias a animarse a hacer las mochilas. ¡Hay una Europa increíble por descubrir desde la ventana de un tren!

Les dejamos listados los restaurantes que más nos gustaron, y una actividad especial que recomendamos en cada ciudad.

Praga

Algo especial para hacer: ir a ver el Teatro Negro de Praga. Una pequeña sala donde cada noche hay representaciones. Un teatro que no entiende de idiomas ni de fronteras. Para volver a la infancia y soñar.

Dónde comer: Alriso risotteria italiana – En la ciudad vieja, un excelente italiano. Elegante pero adecuado para ir en familia. Arroces, pastas y otras delicias italianas aptas para celíacos.

Švejk Restaurant O Karla – ¡Un ‘must’ de Praga! Comida checa y centroeuropea con una enorme carta apta para celíacos. ¡Atención! No son los platos más ligeros del mundo, ¡a disfrutar sin contar calorías!

Budapest

Algo especial para hacer: Coger por la tarde el tranvía 2 que recorre la orilla este del Danubio con paradas en el Puente de las Cadenas, el Parlamento, el Mercado Central y otros puntos de interés de la orilla de Pest. Al bajarse, coger la línea D11 o D12 para volver navegando por el Danubio. Vistas increíbles aseguradas. ¡Ideal hacerlo al atardecer, con móviles y cámaras bien cargados de batería!

Dónde comer: Kata restaurant. Moderno y de diseño. ¡Carta internacional con ensaladas, hamburguesas pastas y deliciosos postres! No es barato, pero vale la pena para celebrar algo o darse un pequeño homenaje.
Etna Ristorante & Pizzeria. Italiano con mobiliario de madera y manteles de cuadros en la zona de Buda. Un buen recurso para degustar pizzas aptas variadas y con precio correcto.

Mejor no ir con prisas y mirar bien el horario porque cierran pronto.

Viena

Algo especial para hacer: paseo en bicicleta alrededor del canal del Danubio. Se pueden alquilar cerca de Copa Beach y hay hasta 20 kilómetros para recorrer a un lado y al otro del canal. Después, si el tiempo lo permite, un chapuzón en las aguas azules y un helado o batido mientras se disfruta del atardecer desde una tumbona.

Dónde comer: Zoom Wohl. ¡Ningún celíaco debería irse de Viena sin visitar este restaurante! Servicio superamable y excelente comida 100% gluten free. Desde schnitzel hasta goulash, pasando por risottos, ensaladas y sopas. ¡Para regalarse y disfrutar sin límite! En verano hay terraza, es recomendable reservar.
Allergiker Café. Pequeño local con decoración en tonos pastel (¡ideal para Instagramers!). La carta es limitada: sándwiches, ensaladas y, sobre todo, pasteles. Ideal para una pausa entre visitas.

Por Lorena Corfas

*Artículo publicado en la 13ª edición de la revista Celíacs.