La intolerancia a la lactosa (IL) es una afección provocada por la carencia de lactasa, el enzima digestivo encargado de la digestión de la lactosa, el azúcar natural presente en la leche.
La lactosa es un carbohidrato formado por 2 moléculas diferentes: la glucosa y la galactosa que deben ser separadas en el intestino mediante la acción de la lactasa para que su absorción y asimilación se pueda llevar a cabo. Si este proceso no presenta ningún problema, se produce rápidamente la absorción. Este es el motivo por el cual la lactosa se considera un azúcar de rápida absorción.
Ahora bien, cuando la lactasa es insuficiente y la lactosa no se puede digerir, queda en el intestino en su estructura original y esto provoca que las bacterias intestinales presentes en el colon la fermenten, reacción que desencadena sintomatología por la formación de gases y otras moléculas que se producen.
La enfermedad celíaca (EC) es un trastorno multisistémico de base autoinmune aunque hasta hace poco tiempo se consideraba una “intolerancia al gluten”. Este cambio se debe a los avances científicos de los últimos años, que han permitido saber que el consumo de gluten activa el sistema inmune que libera anticuerpos y estos provocan inflamación y daño intestinal. Si comparamos la EC con la IL, detectamos 2 diferencias fundamentales: por un lado la IL no activa el sistema inmune y por lo tanto no se producen anticuerpos y, por otro, el déficit de lactasa puede ser total o parcial y esto es determinante porque permite una cierta tolerancia a la lactosa, diferente para cada persona.
La IL en personas celíacas es una consecuencia secundaria derivada del daño intestinal, ya que las vellosidades se encuentran inflamadas y aplanadas (atrofia vellositaria). Algunos autores señalan que es el motivo por el cual en torno al 8% de pacientes celíacos mantienen sintomatología digestiva a pesar de seguir una dieta sin gluten estricta. También es una patología prevalente en otras enfermedades intestinales como la enfermedad de Crohn, el síndrome del intestino irritable (SII) o el sobrecrecimiento bacteriano (SIBO).
La sintomatología es muy variada y aunque habitualmente es digestiva (dolor abdominal, estreñimiento, diarrea, flatulencia, náuseas y vómitos) también puede ser extradigestiva (problemas cutáneos o cefalea). Cabe decir que la sintomatología depende de factores como la cantidad de lactosa consumida, la edad, la presencia de otros nutrientes o los mecanismos del colon para compensar la presencia de lactosa no digerida.
Ojetti y colaboradores señalan que la gran mayoría de pacientes celíacos experimentan una regresión de la intolerancia a la lactosa después de 12 meses con dieta sin gluten. Por lo tanto, el déficit de lactasa secundario se puede considerar reversible en un gran número de personas.
Además, en el caso que nos ocupa, es condición indispensable seguir la dieta sin gluten de manera estricta (sin transgresiones voluntarias o involuntarias) para que las vellosidades retornen a un estado funcional. En algunos casos, sin embargo, existe la posibilidad de que la IL se mantenga en el tiempo.
Así pues, una persona celíaca e intolerante a la lactosa debe seguir una dieta sin gluten y reducida en lactosa o sin ella. Asimismo, en el tratamiento de la IL se pueden tomar suplementos de lactasa en momentos puntuales, por ejemplo al salir a comer fuera de casa.
En el momento del diagnóstico, la exclusión de la lactosa pretende minimizar los síntomas y su intensidad. Si posteriormente se considera oportuno reintroducirla, será necesario adaptar la dieta a la cantidad de lactosa tolerada.
Como no es posible establecer un umbral único de lactosa para todos los pacientes, es necesario individualizar la dieta según la tolerancia observada.
No obstante, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) emitió en 2012 un Dictamen general donde confirmaba que la gran mayoría de pacientes con IL toleran 12g de lactosa en una única dosis y hasta 24g si se hace en dosis repartidas a lo largo del día con consumo de otros alimentos. Sin embargo, hay quien tolera un máximo de 6 gramos por día.
Aparte de las recomendaciones para la dieta sin gluten, en estos casos hay que tener presente que la fuente láctea debe excluirse y por este motivo es necesario planificar la alimentación para que sea suficiente en calcio, vitaminas A y D, proteínas de alto valor biológico y minerales (fósforo, magnesio, potasio). No obstante, sabemos que los lácteos no son imprescindibles para llevar una alimentación saludable. Incluso una dieta vegana o vegetariana bien planteada puede ser suficiente en todos estos nutrientes.
¿Pero cuál es la importancia de estos nutrientes?
Sabemos que el calcio contribuye en la formación y mantenimiento de la masa ósea, especialmente durante la adolescencia, momento en que alcanzan la máxima densidad y mineralización que a la vez determina la salud ósea en la etapa adulta.
Los lácteos son la fuente de calcio más abundante, pero la cantidad de lactosa varía según si hablamos de lácteos frescos (leche, nata, mantequilla) o lácteos fermentados (yogur o queso). En estos la cantidad es inferior por el proceso de fermentación. Los vegetales de hoja verde, el marisco o los frutos secos (almendras, avellanas) también son abundantes.
Los otros minerales también los podemos obtener de fuentes vegetales. Por ejemplo, el fósforo es abundante en las legumbres o la soja, el magnesio en los frutos secos, las verduras de hoja verde como las acelgas y el potasio está en el plátano, la naranja o los champiñones.
Para finalizar, la vitamina D la encontramos en pescados y sobre todo en la exposición solar. Y las proteínas en legumbres, semillas, cereales integrales, huevos, soja o carne.
Además, hay que priorizar procesos culinarios y preparaciones que faciliten la digestión, ya que las vellosidades intestinales se encuentran en recuperación y su absorción es limitada en el momento del diagnóstico y se recuperarán a condición de realizar una dieta sin gluten estricta.
Así pues, la dieta sin gluten y sin lactosa debe ser suficiente en calorías, abundante en alimentos frescos e incorporar la máxima variedad de alimentos posible. Igual de importante es limitar el consumo de ultraprocesados.
BIBLIOGRAFÍA
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