Las fiestas de Navidad son un momento esperado, pero para las personas con celiaquía se pueden convertir en un auténtico campo de minas, ya no solo por la exposición a una posible contaminación, sino por culpa de un invitado omnipresente en muchas comidas de Navidad: el cuñado opinólogo de turno. Aquella figura masculina o femenina que habla de todo sin conocimiento y parece tener la verdad absoluta, soltando afirmaciones y valoraciones sin ningún tipo de tacto ni empatía.
Si en tu familia o en tu entorno no tienes un personaje de estas características, eres afortunado porque requiere respiraciones profundas y mentalidad zen interaccionar con ellos.
Ya de por sí, este tipo de persona siempre hace alguna observación desafortunada, pero ver que tú no comes lo mismo o tienes el plato tapado y das indicaciones para no contaminarte, les motiva a llevar a cabo su deporte preferido, opinar sin fundamento.
«¿No querrás decir que exageras llevando tupper?», «Por un día no pasará nada», «¿Por tan poca cosa te vas a contaminar?», «Esto es una moda»… el repertorio de afirmaciones es largo y variado.
Celiaquía: mucho más que una manía
La celiaquía no es una moda, ni una opción dietética. Es una enfermedad autoinmune crónica y multisistémica: cuando una persona con celiaquía consume gluten, su sistema inmunitario reacciona atacando la mucosa de su intestino y genera un estado inflamatorio que puede afectar a otros órganos del cuerpo. Y no basta con “quitar el pan”, hay que controlar hasta la última miga, vigilando el contacto cruzado con gluten y, a menudo, llevando comida de casa para poder hacer una comida con tranquilidad.
Cuando en una celebración familiar alguien menosprecia estas precauciones, no solo demuestra una profunda ignorancia, sino que pone en riesgo la salud de un ser que se supone querido. Una cuchara que ha tocado croquetas “normales” y luego se usa para servir la ensalada “sin gluten”, puede provocar días de malestar y daño real en el intestino de una persona con celiaquía.
Quien padece celiaquía tiene que luchar no solo con etiquetas y precauciones, sino con el sentimiento de ser una molestia, y esto en el ámbito familiar es especialmente doloroso. El hecho de “tener que defenderte” en un supuesto entorno seguro es agotador cuando lo único que pretendes es cuidarte.
Cómo combatir el cuñadismo (con estilo)
Ante el cuñadismo navideño, se necesita una combinación de asertividad, pedagogía y límites claros.
Consejos:
. Mucha paciencia. Piensa que opina desde el desconocimiento y la falta de empatía, no es consciente de que hace daño con sus palabras, pero es necesario que se dé cuenta de las implicaciones para ti.
. Información clara y directa. Hazle saber que comer sin gluten no es una opción para una persona con celiaquía, sino una necesidad médica. Una contaminación perjudica tu salud.
. Busca alianzas. Apóyate en aliados familiares que sí entienden la situación. Ayuda a no sentirse solo ante la argumentación.
. Ármate de documentación. Aquí tienes un documento con información básica para familiares sobre la celiaquía y las comidas de Navidad. Puedes enviarlo antes de las fiestas o en el momento que sea necesario.
Este artículo no pretende demonizar a los cuñados (reales o simbólicos), sino hacer visible una actitud recurrente que, a pesar de su apariencia trivial, duele y crea malestar. Porque tener que justificar una enfermedad crónica mientras los demás repiten postre no debería ser parte del menú de Navidad.
Si os habéis sentido identificados leyendo esto, no estáis solos. Y si sois el cuñado opinólogo… quizás es hora de cambiar de tema de conversación. El fútbol siempre funciona mejor.
¡Felices fiestas!