CELIAQUÍA Y COVID-19: ¿qué sabemos y qué no sabemos sobre la vacuna?

Siempre recordaremos los primeros días de confinamiento, la vulnerabilidad que despertó ante la incertidumbre de la comunidad científica para hacer frente a un virus, hasta el momento desconocido. Fue un periodo muy intenso y desde entonces toda la comunidad científica concentró esfuerzos en identificar este virus, conocer su funcionamiento para idear tratamientos que permitieran disminuir las complicaciones y, también, la tasa de mortalidad.

Para obtener datos del colectivo celíaco, el Dr. Benjamin Lewhol y el Dr. Peter Green, investigadores especializados en la enfermedad celíaca de la Universidad de Columbia, pusieron en marcha el Secure-Celiac Registry. Hablamos de un registro internacional que pretende investigar la evolución clínica de los pacientes celíacos afectados y recopilar información sobre la evolución clínica, las complicaciones y el desenlace del virus SARS COV-2, lo que comúnmente conocemos como COVID-19, en la población celíaca. Como les comunicamos anteriormente, a escala nacional este registro está liderado por la Sociedad Española de Enfermedad Celiaca (SEEC). Esta entidad pretende, mediante las asociaciones de pacientes celíacos, obtener unos datos informativos generales de las personas afectadas que posteriormente son derivadas y gestionadas por los gastroenterólogos especializados en celiaquía, voluntarios de la SEEC, quienes ponen en marcha la logística necesaria.

Diferentes vacunas, un objetivo común

En este momento disponemos de suficiente evidencia para definir los grupos de riesgo, sabemos que el contagio provoca sintomatología diversa en las personas infectadas, o ninguna sintomatología, e incluso conocemos las complicaciones más severas que puede provocar y cómo tratarlas para reducir la mortalidad.

En cuanto a las personas celíacas, sabemos que NO hay evidencia que relacione esta patología autoinmune con un mayor riesgo de sufrir complicaciones severas.

Sin duda los últimos meses han sido una carrera de fondo para el personal sanitario e investigador en la lucha contra la Covid-19.

El 21 de diciembre la Agencia Europea del Medicamento (EMA) aprobó la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el SARS-CoV-2 y posteriormente, el 6 de enero aprobó la vacuna de Moderna. Aun así, la EMA continúa estudiando y valorando la aprobación de otras vacunas con el objetivo de tener diferentes herramientas para luchar contra el virus y para asegurar un suministro que permita llevar a cabo la vacunación de la población mundial lo antes posible.

Así pues “La Vacuna” es, a día de hoy, la principal herramienta para luchar contra la Covid-19, un virus que según los expertos ha venido para quedarse. Sin embargo, existen diferentes maneras de inducir la inmunización del organismo a pesar de que todos coinciden en un objetivo común: conseguir que el sistema inmune identifique el coronavirus SARS-CoV2, la Covid-19, y produzca anticuerpos que son unas proteínas que, en caso de producirse la exposición y el contagio de la persona, el sistema inmune hace que inicien la lucha contra el agente patógeno de manera inmediata.

¿Pero es segura la vacuna en personas celíacas?

Si bien es cierto que se han detectado reacciones alérgicas en algunas personas al ser vacunadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras autoridades sanitarias, una vez valoradas estas reacciones, han confirmado los colectivos excluidos de ser vacunados, y el colectivo celíaco no forma parte de ellos. Son 2:

  • Las personas que han sufrido reacciones alérgicas a una dosis previa de la vacuna contra la Covid-19 o que son alérgicas a alguno de sus componentes
  • Las personas que han sufrido reacciones alérgicas graves, ya que en estos casos el especialista deberá valorar la situación de manera individualizada

Así pues, el colectivo celíaco se mantiene excluido de los grupos donde se recomienda evitar la vacunación porque la enfermedad celíaca, a pesar de implicar al sistema inmune, no es una alergia tal como declara la Sociedad Europea para el estudio de la enfermedad celíaca en una publicación reciente que encontrarán en el siguiente enlace.

Información esencial: debe saber que…

La vacunación no es obligatoria, por lo que cada persona puede tomar la decisión que considere. Según la evidencia científica de la que disponemos hoy por hoy queremos informarles para que puedan madurar esta decisión individualmente.

Así pues, empezamos por recordar que la vacunación es indispensable para crear la inmunidad de grupo ante el SARS Cov2, aspecto que implica una mejora y protección de la Salud Pública.

Por otro lado, debemos tener presente que NO vacunarse implica mantener el riesgo de contagio propio, pero también de las personas de nuestro entorno y esto implica que las consecuencias en caso de contagio puedan ser graves.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) nos explica en su web de manera sencilla cuál es el sistema habitual de trabajo del sistema inmune y explica a grandes rasgos cómo puede ayudar una vacuna. Verá que la vacunación tiene aspectos positivos, principalmente porque protege a la persona vacunada y también porque de manera indirecta protege a la población general, es decir, a la sociedad.

Además, la vacunación implica:

  • Una disminución en la velocidad de transmisión
  • Una disminución de los contagios
  • Una disminución en el número de muertes

Para desarrollar cualquier medicamento, incluidas las vacunas, se debe seguir un proceso preestablecido que consta de diferentes fases. Pues bien, para el desarrollo de las vacunas contra la Covid-19 se ha seguido el proceso habitual aunque el tiempo de investigación se ha acortado porque, en primer lugar y más importante, toda la comunidad científica se ha volcado para encontrar una solución a esta amenaza, se ha empleado mucha evidencia científica de investigaciones realizadas previamente sobre otros coronavirus (CoV) como el SARS1 y el MERS, un sistema de fases solapado a la vez que se ha aumentado (x 10) el número de personas implicadas en los ensayos clínicos.

Es cierto que queda pendiente conocer algunos aspectos relevantes como cuánto tiempo dura la inmunidad una vez administrada la vacuna (2 dosis) para determinar si son necesarios recordatorios cada cierto tiempo que garanticen la protección o si las personas vacunadas pueden contraer y/o transmitir el virus.

Si decide vacunarse, debe saber que tanto para la vacuna de Pfizer- BioNTech como para la de Moderna son necesarias 2 dosis separadas por entre 21 y 28 días. Este sistema de administración permite que el sistema inmune sea capaz de reconocer el virus, y en caso de contagio, se produzcan anticuerpos rápidamente para combatirlo y así evitar una carga bacteriana lo suficientemente elevada para producir complicaciones severas.

Una vez recibida la 2ª dosis hay que esperar una semana para desarrollar una inmunización total.

Aun así, las autoridades sanitarias confirman que hay que mantener las medidas de protección individuales, higiene de manos y distancia social hasta alcanzar la inmunidad de grupo, es decir, hasta que el 60-70% de la población haya sido vacunada.

El Ministerio de Sanidad junto con las Comunidades Autónomas ha diseñado una Estrategia de Vacunación común. Así pues, el Departamento de Salud de la Generalitat lo puso en marcha el 27 de diciembre de 2020 y en este momento alrededor de 77000 personas en Cataluña han recibido la primera dosis de la vacuna.

¿Se han observado efectos adversos al administrarla?

Las vacunas son herramientas (medicamentos) ideadas y empleadas para prevenir enfermedades e incluso erradicarlas. Como se administran en personas sanas es condición imprescindible para su autorización que no produzcan toxicidad ni tampoco efectos adversos importantes.

Los ensayos clínicos confirman diferentes efectos adversos al producirse la vacunación, tales como: molestias en la zona de inyección, fatiga, cansancio, dolores musculares, etc. Son los mismos que aparecen al administrar otras vacunas y duran entre un día y una semana por lo que no debemos alertarnos si aparecen. Son síntomas leves y principalmente inespecíficos, y algunos de ellos pueden estar presentes en la infección por la Covid-19, pero no debemos alertarnos porque los síntomas más específicos como por ejemplo la pérdida de olfato, la dificultad para respirar, el dolor o presión en el pecho entre otros, considerados graves, no aparecen a raíz de la vacunación.

BIBLIOGRAFÍA